Economía Informal
Macario Schettino
El Universal

Martes 27 de enero de 2009

Claro que entonces éramos un país mucho más pequeño que hoy, de cosa de la mitad, de forma que aún estamos muy lejos de esos niveles de espanto que tuvimos entre 1992 y 1994, de 7% del PIB de déficit en cuenta corriente. Eso, por cierto, fue lo que nos llevó a la crisis de 1995, que usted seguramente recuerda.

Hoy estamos muy lejos de esa situación. En 1994, el resto de la cuenta corriente (es decir, los servicios factoriales, los no factoriales y las transferencias) tenía un saldo negativo por 11 mil millones de dólares, que sumados a los 18 mil y fracción del déficit comercial, nos dieron como resultado un déficit en cuenta corriente de casi 30 mil millones de dólares, frente a un PIB de 400 mil. Casi 8% de déficit, que no era financiable.

Ahora, el resto de la cuenta corriente prácticamente suma cero. Las remesas alcanzan a cubrir el pago de intereses sobre la deuda externa, las utilidades de la inversión extranjera, los fletes y seguros, de forma que el déficit comercial es prácticamente el déficit en cuenta corriente. En consecuencia, éste será de 17, o tal vez 18 mil millones de dólares para 2008 (esto lo sabremos a fines de marzo), frente a un PIB de más de 700 mil millones de dólares (la cantidad exacta también la sabremos dentro de un mes). Hablamos de un déficit en cuenta corriente de 2% del PIB, perfectamente financiable en condiciones normales.

 

El origen del déficit comercial no tiene nada de extraño: importamos más de lo que exportamos desde hace mucho tiempo, pero el petróleo no nos deja verlo. Si usted quita el petróleo de las cuentas de divisas, resulta que traemos un déficit de 38 mil millones de dólares al cierre de 2008 (cifra que hay que confirmar cuando se publique la información detallada de importaciones). De hecho, este déficit ha superado los 30 mil millones de dólares anuales desde octubre de 2006. Gracias a la brillante idea de Hacienda de comprar una opción para el petróleo, que nos permitirá vender cada barril en 70 dólares por buena parte del año, en 2009 no debe pasar nada muy grave.

 

Puesto que la caída económica viene desde nuestros clientes, el saldo comercial no petrolero no debe agravarse demasiado. Es decir, como ellos dejan de comprar porque no tienen dinero, pero nosotros seguiremos comprando porque nuestra caída es menor, lo esperable sería que hubiese un deterioro de nuestro saldo. Sin embargo, como la mayor parte de nuestro comercio ocurre entre empresas, que importan para después exportar, lo esperable es que el saldo comercial, sin petróleo, se encuentre más o menos en donde está ahora, o si quiere usted un intervalo, entre 35 y 40 mil millones de dólares para este 2009.

 

La balanza petrolera, gracias a la decisión que comentábamos, todavía podrá ser positiva este año. La diferencia entre el precio al que vendemos y el que pagamos por la gasolina que importamos será, por nueve meses, favorable para nosotros. La balanza petrolera nos dará cosa de 12 mil millones de dólares durante 2009, por lo que el déficit comercial final, para este año, estará entre los 23 y 28 mil millones de dólares. Más hacia el límite inferior, por lo que decíamos en el párrafo anterior.

 

Estos 25 mil millones de dólares (para cerrar la cifra) prácticamente se trasladan al déficit en cuenta corriente, porque el resto de esta cuenta más o menos seguirá en cero (tal vez sea un poco deficitario, pero nada del otro mundo). Esta cantidad representará cosa de 3% del PIB. Nuevamente, una cantidad perfectamente financiable en condiciones normales.

 

Lo que no sabemos es qué tan normal sea el mercado hacia fines del año. Para cubrir esos 25 mil millones de dólares, la inversión extranjera directa alcanzaba perfectamente. En los últimos cuatro años, el promedio de esta inversión era de 22 mil millones anuales, y llegaban otros 10 mil de inversión de cartera. Todavía no sabemos qué pasará con estas cifras, aunque las posiciones de extranjeros en bonos del gobierno mexicano se han reducido en cosa de 5 mil millones de dólares de octubre en adelante (es decir, es inversión de cartera negativa).

 

Según las agencias internacionales, la inversión directa mundial se reducirá a la mitad para este año. Si suponemos que será nuestro caso, entonces tendremos 10 u 11 mil millones por este concepto, y pongamos que la inversión de cartera ni llega ni se va. Nos faltarían por ahí de 12 o 15 mil millones de dólares para cerrar el año. Frente a reservas internacionales de 80 mil, no parece existir problema serio. Más importante aún, recuerde que el tipo de cambio es flexible, de forma que buena parte del efecto se lo lleva esta variable y no las reservas. En cualquier caso, no hay razones para tener una gran preocupación en este renglón por el resto del año.

 

Pero no olvide que todo esto se debe a la brillante decisión de Hacienda. Sin ella, estaríamos hablando de un déficit en cuenta corriente de casi un punto más del PIB, con lo que ya no podríamos estar tranquilos. Pero eso será en 2010, no ahora.