| El uso de la fuerza |
Ezra Shabot
23 Ene. 09![]()
La teoría del Estado moderno le atribuye a esta entidad el monopolio legítimo de la violencia. Los Estados democráticos buscan reducir al mínimo la utilización de mecanismos coercitivos para instrumentar las decisiones aprobadas por las mayorías a través de sus instituciones representativas. Pero la fuerza, como arma disuasiva encaminada a evitar los abusos de individuos o grupos que actúan fuera de la ley, sigue siendo un recurso indispensable para gobernar y evitar la disolución de una sociedad con intereses y demandas a veces irreconciliables.
En México la tradición autoritaria de la Revolución Mexicana y de los regímenes emanados de la misma hizo del uso de la fuerza por parte del Estado un elemento ilegítimo, sinónimo de la represión y de falta de canales de comunicación política con la sociedad. El fantasma del 68 y de la guerra sucia de los setenta se presenta como el argumento principal para condenar cualquier acto de gobierno que utilice la fuerza pública, incluso dentro del marco legal autorizado. Así, la democracia mexicana, construida sobre los cimientos de un régimen autoritario no desmembrado, aparece atada de pies y manos frente a individuos y organizaciones de todo tipo que, escudándose en el recuerdo de la represión ejercida en el pasado, son capaces de chantajear con éxito a las autoridades correspondientes.
Desde plantones de organizaciones diversas que entorpecen la circulación vial y someten a miles de automovilistas a un secuestro temporal, hasta delincuentes de cuello blanco con poder en los medios de comunicación y que cuestionan como represiva cualquier medida que tome la autoridad, el ejercicio de la fuerza legítima del Estado queda limitado no por las leyes que lo contienen, sino por el poder desmedido de grupos prepotentes y conscientes de la debilidad del gobierno en el ejercicio de la violencia jurídicamente sustentada. Si en nombre de la democracia, la política y la negociación, el Estado pierde su capacidad de disuasión a través del uso de la fuerza, esta institución termina por perder toda capacidad de actuar en defensa de los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto.
Esta definición del Estado mexicano como un "Estado desarmado" es lo que ha conseguido debilitar las instituciones frente a organizaciones expertas en el chantaje político y económico, e incluso ante el crimen organizado. En la guerra contra el narcotráfico, declarada por Felipe Calderón desde diciembre del 2006, la muerte de más de 5 mil personas es cuestionada por algunos como una demostración de la brutalidad y de derrota ante los delincuentes. Las escenas de decapitados, y en general de las víctimas de esta guerra, son criticadas por algunos por representar la antítesis del Estado desarmado y por lo tanto no represor.
Estos críticos quisieran ver desaparecer el narcotráfico por arte de magia o como consecuencia de una negociación en donde los criminales aceptaran dejar su ilícito negocio a cambio del privilegio de no ser detenidos por sus actos anteriores. Hay otros que intentan plantear la teoría de la "guerra limpia", en donde las autoridades deberían aprehender a los narcotraficantes sin ocasionar bajas, ni en los aparatos de seguridad del Estado ni en los mismos criminales. Algo así como "el Estado perfecto desarmado". Es esta la percepción de aquellos que desde la comodidad de su hogar, sin ensuciarse las manos y protegidos de los actos de los delincuentes, asumen el discurso de la "pureza de las armas".
Sus argumentos son similares a los de aquellos que en la lucha contra el terrorismo quisieran ver desaparecer este terrible fenómeno a través de medidas de orden político y de "inteligencia" sin violencia, para seguir viviendo en el mundo mágico del consenso sin coerción. No quiero decir con ello que el ejercicio de la violencia dentro del marco legal establecido garantiza el triunfo del Estado frente a sus detractores. Pero un Estado democrático carente de la fuerza necesaria para enfrentar las acciones de individuos y organizaciones que actúan fuera de la ley termina por disolverse y convertirse en una entidad en manos de delincuentes o terroristas que someten a la ciudadanía a la violencia indiscriminada y que, por supuesto, son incapaces de garantizar la seguridad de la sociedad en su conjunto.
Si el Estado es la coerción revestida de consenso, el Estado mexicano debería recobrar su legítimo derecho al uso de la fuerza para terminar con la impunidad que hoy es el peor de los males que aquejan al país.

Alonso Enrique Sánchez Flores
26 ene 2009 | 06:18 PM
Algunas cosas de las que se muestran en el texto ya se me hacían familiares como el decir que la violencia genera mas violencia, pero si no se aplica fuerza ante el crimen, por ejemplo, no se avanzara y como es comentado seguira gobernando este crimen. Parece ser que solo por el hecho de estar en año en el que estamos todo se puede resolver hablando, pero no es cierto, aun hay sectores en los que se han de reprimir.
J. Eduardo Ortega
27 ene 2009 | 04:16 AM
Me parece interesante lo que se menciona del "chantaje". En efecto, si llegara a suceder una masacre de narcotraficantes a manos del ejército, lo primero de lo que se acusaría al gobierno sería de inhumano, radical, brutal, ilegítimo... o alguna cosa de esas. Claro que por eso mismo, esto no llegaría a pasar. Pero inhumano no les parece que, todos los días, amanezcan quién sabe cuántos ejecutados/secuestrados/violados, de quién sabe qué formas y en quién sabe dónde. Lo que en otro país sería noticia de primera plana, muchas veces tiene una columna o un rinconcito en los diarios de México. Pero no, para nada es inhumano.
Algo en lo que no estoy de acuerdo es en el "ataque frontal" al narco. No ha funcionado muy bien que digamos, por lo que se ve. Y el diálogo claramente no solucionará mucho más. Tampoco se logrará mucho con una pena de muerte... una legislación que queda reducida a estatus de inútil si no se puede traer a la justicia a los delincuentes, para empezar. El artículo mismo lo dice, hay delincuentes con influencias en los medios, y mientras ello no sea solucionado, ninguna de las formas de "ataque" serán efectivas. Buena parte del lío está en nuestros organismos corruptos, así que a mi modo de verlo, primero hay que limpiar bien adentro antes de lanzarse contra los de afuera.
Consuelo Aguilar
27 ene 2009 | 06:48 AM
pienso que hablar de corrupicón en México probablemente s todo un tema de maestría o doctorado, es todo un asunto que ha sobrepasado los límites económicos a problemas sociales, éticos e inclusive culturales dentro de nuestra región... me refiero a que hay políticos que de verdad, ya no necesitan robarle dinero al gobierno, con lo que tienen ya alcanza para que por lo menos 3 generaciones que después de ellos vivan sin problema alguno y desdeluego, sin trabajar.
pero lo anterior, derrepente pierde importancia hacia lo que nos plantea la nota. el uso de la fuerza como medida de control social es algo harto discutido en todo el mundo. desde mi perspectiva y me permito decir que es tambien la opinión de varios académicos y demás gente,en particular, al Gobierno de Calderón, el uso de cohersión ante la "sociedad civil" por parte de fuerzas legítimas cohersitivas institucionalizadas no es más que una herramienta para dotarle de legitimidad a un gobierno que desde el inicio la ha carecido
"guerra sucia" o "guerra limpia" siempre va a depender por lo que entendamos por limpio y sucio... el Embajador Gustavo Iruegas decía nunca se está en la derecha o en la izquierda; se está a la derecha o a la izquierda de algo o de alguien...creo que siempre es buen fácil criticar lo que los demás hacen... pienso que todos somos "pecadores" (o almenos la gran mayoría) al de no haber encontrado otra solución...
durante mis años como estudiante de economía me di cuenta de algo muy importante que para ser franca no me atrevo a evaluar si es correcto o no y más aun cuando en ambos extremos siempre va a existir la relatividad... al estudiar "casos" me di cuenta que para un problema existe por lo menos 10 soluciones en el sentido metodológico aunque el resultado se espera que sea el mismo. me gusta pensar que lo mismo sucede en el caso mexicano y las problemáticas que lo acongojan ...y como en las matemáticas se requiere de una enorme creatividad e imaginación en ciencias sociales es igual... yo más bien preguntaría donde quedo la creatividad e imaginación para la resolución de conflictos...
cómo es que aquellos que critican lo poco o mucho que "se hace" no hacen otras propuestas en las que "limpio y sucio" no sean calificativos ....
de no "hacerse nada" entonces si se corre el riesgo de que el gobierno autenticamente pierda el control sobre la ciudadanía y ahora sí México esté en la cuerda floja y de convretirse en un estado fallido.
finalmente me parece un tema harto polémico y que de necesitarse, el muy consenso va a ser algo muy difícil de entender...y siempre hay que tener en cuenta que en una guerra siempre hay un vencedor y un perdedor los roles no siempre se eligen o se asignan...
de cualquier forma ante la opinión pública y mediática nunca se queda bien
Ericka Peña
27 ene 2009 | 05:51 PM
Es tan cierto lo que se plantea en este artículo, porque, nos guste o no, nos duela o no, el poder en el país no lo tiene exactamente el gobierno. El tema de la corrupción me parece muy complicado, puesto que estamos tratando de un tema que ya parece herencia cultural dentro del país, ya que el pleito por ver quién tiene el mando del México lindo y querido comenzó desde la llegada de los españoles.
Simplemente me gustaría agregar algo a todo este asunto: en lugar de estar pensando, reflexionando y lamentándose cómo fue posible que México llegó al punto de estar a merced de narcos y demás delincuentes, deberíamos de buscar soluciones para salir del problema... pero mientras las personas de altos mandos sigan tan a gusto cediendo el poder, despreocupados de todo y gastando dinero, el narco seguirá aprovechando la situación. Así que sí, estoy a favor de la paz y de la no violencia, pero quedarse de brazos cruzados sin hacer nada me parece igual de malo…
"Más peligroso que acelerar… es la inercia".
Monse
28 ene 2009 | 04:46 AM
Este artículo me pareció bastante interesante por la situación en que vivimos actualmente y la familiaridad que tenemos para verlo casi "normal" en nuestro diario vivir.
En mi opinión también me parece que se está tratando de cubrir un poco los intereses económicos y políticos de los gobernantes, pues si bien no son los culpables en toda su totalidad, si podemos decir que gran parte de los crímenes que se cometen constantemente en México son beneficio para algunos sectores bastante poderosos, con esto no digo que la culpa se absoluta del gobierno por que la corrupción muchos de nosotros la propiciamos o participamos de ella...
Entonces quienes somos realmente??????
México esta perdiendo no solo el control que como bien comentaron antes nunca ha tenido completamente, pero puede pasar a un estado más crítico si no nos preocupamos por actuar AHORA y empezar por nosotros."No olvidemos que las cosas simples pueden lograr grandes cosas"Dejemos de ver normal o aplaudir este tipo de acciones desde nuestro hogar y nuestra persona...
Karen Sujo
28 ene 2009 | 05:10 AM
Me parece que la situación expuesta en éste artículo tiene la forma de lo que los mortales llamamos un "círculo vicioso". Las autoridades no son capaces de mantener el orden social ya que los civiles recurrimos a la violencia cuando decidimos "protestar". Si las autoridades combaten la violencia con violencia por lo general sólo obtienen respuestas negativas de la población. No es totalmente culpa nuestra pues si llevamos ya algún tiempo comportándonos como seres incivilizados es porque se nos ha permitido. Si suceden tragedias cuando las autoridades se meten en un asunto civil es por falta de organización de éstas. Sin embargo debemos tomar en cuenta que ninguna de éstas situaciones sucedería si los ciudadanos no tuviésemos algún motivo para protestar.
Ana Uribe
1 feb 2009 | 07:50 PM
¿"Estado desarmado"? Me parece que México está equipado con lo necesario, lo malo es a quién le pertenece la artillería y como la maneja.
Como ya había comentado en otro artículo, el problema que vivimos es la falta de transparencia en nuestro país y la debilidad que presentan las supuestas medidas planteadas por el gobierno para el combate al narcotráfico.
Desgraciadamente para Calderón el panorama es negro y no se le ve una salida fácil. El legado de narcomenudeo que dejó el sexenio pasado, estableció fuertes bases y alianzas a lo largo del país. Se propició el establecimiento de nuevos cárteles y relaciones estrechas con políticos, gobernadores y miembros de las fuerzas poliacas y del ejército, que demostraron solamente que si de algo carece México es de autoridad.